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Reforma de ciudadanía italiana por descendencia

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Italia ha endurecido de forma muy importante el acceso a la nacionalidad por descendencia, y el cambio más relevante afecta precisamente a los descendientes más lejanos nacidos fuera de Italia. La reforma comenzó con el Decreto-Ley n. 36 de 28 de marzo de 2025 y después fue confirmada con su conversión en la Ley n. 74 de 23 de mayo de 2025. La idea central del nuevo sistema es limitar la transmisión automática de la ciudadanía italiana a quienes mantengan un vínculo más cercano y real con el país.

El cambio más importante: La cuarta generación nacida en el extranjero queda fuera en la mayoría de los casos

Este es el punto principal que deben tener claro los descendientes de italianos. Con la nueva normativa, los italo-descendientes nacidos en el extranjero serán automáticamente ciudadanos solo durante dos generaciones. En términos prácticos, esto significa que solo quien tenga al menos un progenitor o un abuelo nacido en Italia podrá encajar, en principio, en el nuevo esquema automático. Como consecuencia, los hijos de italianos de cuarta generación nacidos en el extranjero ya no podrán ser reconocidos como italianos como ocurría antes en muchos expedientes basados en bisabuelos o tatarabuelos italianos.

Durante años, muchas familias en América Latina pudieron tramitar la ciudadanía italiana acreditando una línea familiar lejana. Ese modelo ha cambiado. Ahora ya no basta con demostrar que hubo un ascendiente italiano remoto, sino que la ley exige una conexión mucho más próxima con Italia. Este es, sin duda, el cambio más duro y más trascendental de toda la reforma.

¿Quiénes sí pueden seguir teniendo opciones?

La ciudadanía por descendencia no desapareció por completo, pero quedó mucho más restringida. Tras la reforma, siguen existiendo opciones para quienes entren en los supuestos que la propia normativa mantiene abiertos, especialmente cuando existe un progenitor o un abuelo nacido en Italia, o en ciertos casos en los que el progenitor haya residido en Italia durante el tiempo exigido por la ley. En otras palabras, el sistema sigue protegiendo vínculos familiares cercanos, pero ya no permite la extensión prácticamente indefinida que existía antes para generaciones nacidas en el extranjero.

¿Qué pasa con las solicitudes presentadas antes del cambio?

La fecha de presentación del expediente ahora es fundamental. Las solicitudes iniciadas antes de la entrada en vigor de la reforma quedaron, en determinados casos, bajo la normativa anterior. Por eso, no están en la misma situación quienes presentaron su caso antes del 28 de marzo de 2025 y quienes intentaron hacerlo después. Para los nuevos expedientes, ya rige el marco restrictivo actual.

La actualización reciente sobre menores

Además de esta reforma, en 2026 hubo una actualización importante en materia de menores. La Ley n. 26 de 27 de febrero de 2026 prorrogó hasta el 31 de mayo de 2029 el plazo previsto para ciertos menores nacidos antes del 25 de mayo de 2025. Esta novedad es relevante para algunas familias, pero no altera el punto central de la reforma: Italia ha cerrado de forma muy clara la vía amplia de acceso para descendientes lejanos nacidos en el extranjero.

Conclusión

La nacionalidad italiana por descendencia sigue existiendo, pero ya no funciona como antes. El gran cambio es que Italia ha limitado la transmisión automática a las generaciones más cercanas, dejando fuera en la mayoría de los casos a la cuarta generación nacida en el extranjero. Por eso, muchas personas que hace poco habrían tenido opciones hoy deben revisar su caso con mucho más cuidado. En este nuevo escenario, ya no basta con tener un antepasado italiano: ahora importa mucho más cuán cercano es ese vínculo y en qué momento se presentó el expediente. 

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